8 feb. 2013

El escándalo de Santa Catalina

Rafael, Santa Catalina de Alejandria, 1507-08

Catalina de Alejandría, presunta santa cristiana del siglo IV, en realidad no existió. No es más que un emblema de Hécate, oscura deidad griega que gobernaba el subterráneo mundo de los muertos. Aunque, en realidad, Hécate es una diosa de personalidad múltiple. Tres, en concreto, son las identidades con las que se manifiesta. Dos de ellas digamos que son altas, rubias y de luminosa personalidad. Se trata de las diosas Diana, la hermosa cazadora que se miraba en el espejo de los lagos, y Selene, la mismísima Luna. Las dos encarnan esa luz de tamizado cobre que ilumina la noche con su femenina sabiduría. Es la luminosidad que emite la Sacerdotisa.



Pero ese tercer avatar con el que se muestra Hécate, el que la hace esposa del escatológico Plutón y señora del Hades, divina pastora de los muertos y reina de los fantasmas… ese también es Sacerdotisa, pero de otro tipo de sacerdocio. Su luz no es ya la de la Luna Rubia, sino otra más oscura. Es el faro turbio de la Luna Negra, la de Lilith. La que emerge de las profundas espeluncas donde habitan los muertos.

Hecate, de William Blake
El caso es que santa Catalina de Alejandría también representa ese avatar sombrío, a pesar de que nada, en su presunta vida, lo delate. Las narraciones sobre ella sólo hablan de su conducta ejemplar, hilvanada de virginidad y martirio. Intachable.


Aunque sí se le puede achacar un escándalo. Y de los gordos. Claro que, en realidad, no fue culpa suya. Más bien fue de Miguel Ángel, ese artista genial del Renacimiento. Sea como fuere, el escándalo involucró a santa Catalina, y fue mayúsculo.


Miguel Angel, El Juicio Final

Todo empezó cuando, el 31 de octubre de 1541, Miguel Ángel presentó públicamente su fresco sobre El Juicio Final pintado en la cabecera de la Capilla Sixtina. Una obra magistral, cuajada de santos, con Cristo ejerciendo de Juez supremo sobre la humanidad. Tal como la vemos hoy nos parece, sin duda, muy apropiada para una capilla. Sólo que, cuando la mostró Miguel Ángel recién terminada, no estaba como está ahora. El artista había pintado a casi todos los personajes del Juicio Final… desnudos. Agravaba el asunto el peculiar estilo del pintor, que dotaba a los personajes de una carnalidad maciza y exuberante. La obra provocó un enorme escándalo.

El Juicio Final, copia de Marcello Venusti, 1549.

Marcello Venusti, copia del Juicio Final, 1549. Detalle

 Una de las figuras que más bochorno produjo fue, precisamente, la de santa Catalina de Alejandría que, señalada por la rueda de su martirio, el artista había incluido compartiendo la gloria celestial con otros bienaventurados. Pero la había retratado ¡ay! desnuda por completo, exhibiendo unos muslos robustos, vientre amplio y senos generosos. Además, la había colocado en una postura poco decorosa, medio agachada, con las rodillas flexionadas y el torso vencido hacia delante, quedando un poco ‘culo en pompa’. Empeoraba el asunto el hecho de que tras ella apareciera san Blas vestido con una especie de pareo, dominándola e inclinándose sobre su espalda desnuda de forma que su bajo vientre quedaba a la altura del desprotegido trasero de la santa. Ésta volteaba la cabeza hacia atrás, mirándole, quizá, con alguna expectación. En fin. Para los ojos de la época, las dos figuras componían una situación comprometida, de esas que si te pillan y dices la consabida excusa de ‘no es lo que parece, puedo explicarlo’, nadie te cree.


Un personaje de la época, Andrea Gilio, en su obra ‘Dos Diálogos’, dejó constancia clara del escándalo que provocó:
“¿Cómo tolerar esa santa Catalina de Miguel Ángel, a la que ha hecho reclinarse en gesto poco honesto ante un san Blas que, sobre ella, con los pectorales la amenaza para que se quede quieta mientras ella le mira como si dijera ’¿qué piensas hacer?’, o algo parecido?”.
 
 
Miguel Angel, Juicio Final. Detalle de santa Catalina.

El escándalo y el repudio social provocaron la oportuna reacción y, hacia 1551, se encargó al pintor Daniele da Volterra la tarea de cubrir tanta carne expuesta pintando encima de las vergüenzas exhibidas lo que se denominó genéricamente ‘paños de pureza’. Así, la Capilla Sixtina quedó recatada y casta a la vista, y Volterra, de tanto poner ‘bragas’, pasó a la Historia del Arte con el apelativo de ‘Il braghettone’.




Sin embargo, en el caso de santa Catalina y san Blas, el retoque no se limitó a cubrir la piel desnuda. Volterra, por supuesto, vistió a santa Catalina, pero también modificó la apariencia de san Blas para suavizar la escena. Le hizo vestir manto desde los hombros y, además, modificó su postura incorporándolo para que no se echara encima de Catalina. También le hizo girar la cabeza de forma que, en lugar de mirar el apetitoso cuerpo de la santa, dirigiera la vista hacia la figura de Cristo.
 
Miguel Angel, El Juicio Final. Fragmento.

Así es como la mayoría de los mortales conocen, desde el siglo XVI, la imagen de santa Catalina pintada en la Capilla Sixtina: pudorosamente vestida y sin ningún compromiso con un san Blas que ni la mira. Por suerte, algunos pintores contemporáneos de Miguel Ángel copiaron su trabajo antes de que ‘Il braghettone’ llevara a cabo su pudoroso Photoshop. Uno de ellos fue Marcello Venusti, a cuya copia de 1549 pertenecen las imágenes que muestro. En ellas podemos ver El Juicio Final con la desnudez original que concibió su genial autor. Y contemplar a santa Catalina y san Blas en tan comprometida y descocada escena, tal y como estaban cuando provocaron un escándalo de época.

Marcello Venusti, copia Juicio Final (1549). Detalle
Y es que, a veces, Hécate hace pulsar su vena oscura, poderosa y pasional, sacando la Lilith que todos llevamos dentro. Es lo que tienen las personalidades múltiples.


Javier Navarrete

2 comentarios :

  1. Vaya vaya ¿Acaso Miguel Ángel era un rebelde? ¿un provocador? porque anda que aceptar un encargo del Vaticano y pintarlos a todos en pelotas...o hizo su propia interpretación y tal cual la plasmo...
    Precioso artículo, cada vez me gusta más Hécate y lo de sacar a la Lilith que todos llevamos dentro. Besos

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    Respuestas
    1. Javier Navarrete13/2/13 14:26

      Gracias, Raquel. Todos los grandes artistas son rebeldes y provocadores incluso sin pretenderlo. Miguel Ángel lo fue, y mucho.
      En cuanto a Hécate... cuanto mejor nos llevemos con nuestra parte oscura, más fuertes y equilibrados seremos. Cada uno llevamos a muchos dentro, y a todos hay que darles su sitio.
      Un beso.

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