4 ene. 2013

Una Docena de Magos

Seguro que son los Magos más famosos del mundo. Me refiero a los tres Reyes Magos que, según la tradición cristiana, viajaron desde oriente hasta Belén para adorar al recién nacido rey de los judíos. Los que llegaron al portal para ofrecer oro, incienso y mirra al Niño Dios. La imagen que los representa en el mosaico bizantino de la basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, no puede ser más clara. Los muestra vestidos al estilo oriental e incluye sus nombres: Balthassar, Melchior y Caspar. Todo el mundo los conoce.

Los Reyes Magos, mosaico de la basílica de Sant'Apollinare Nuovo, Rávena.
Sin embargo, no está nada claro que esto fuera así. En realidad, no se sabe si eran tres o cualquier otro número. Ni si eran reyes. Ni, mucho menos, se conocen sus nombres. Me refiero a lo que dicen los textos canónicos. De los autores de los evangelios sinópticos, sólo Mateo habla de ellos y no da muchos detalles. Dice que eran magos, que venían de oriente siguiendo la luz de una estrella y que traían oro, incienso y mirra para adorar al recién nacido rey de los judíos. Y eso es todo. El resto surge de textos apócrifos y narraciones populares que van construyendo el relato compartido hoy por el mundo cristiano.

Adoración de los Reyes Magos, Durero

Las primeras imágenes de la adoración de los magos son, probablemente, las que aparecen pintadas en las catacumbas romanas. Y ¡oh, sorpresa! en la de los santos Pedro y Marcelino sólo hay dos magos, mientras que en la catacumba de Domitila son cuatro los que visitan a la Virgen con el Niño.






En los apócrifos, la cifra varía dependiendo de cada texto. En el “Libro de la Caverna de los Tesoros” los magos son tres, identificados como Hormizd de Makohdzi, rey de los persas, Jazdegerd, rey de Sabá, y Peroz, rey de Seba. En el “Evangelio armenio de la infancia” también son tres, pero distintos aunque sus nombres se parecen más a los actuales: Melkon, rey de los persas, Gaspar, rey de los indios, y Balthasar, rey de los árabes. Pero hay otras versiones de este mismo texto en las que los magos son diez. E incluso doce. ¡Doce Reyes Magos! Ahora sí que podemos rellenar a gusto el Nacimiento para que no se note la ausencia del buey y la mula.


Arqueta con los regalos de los Reyes Magos, Monasterio del Monte Athos (Grecia)
También hay variaciones con el asunto de los regalos. En realidad, los magos que cita el canónico Mateo son los que llevan los presentes más cutres, aunque se trate de oro, incienso y mirra. Claro que cada obsequio tenía su por qué. Según escribió el fraile dominico Santiago de la Vorágine en el siglo XIII, en su obra “La Leyenda Dorada”, “… el oro para regalar la pobreza de la Virgen; el incienso para ahuyentar el mal olor del establo, y la mirra, para consolidar los miembros de la criatura con la expulsión de todo mal de su vientre”.



Por el contrario, los más rumbosos son los magos citados en el “Evangelio armenio…”. Comprobemos: Melkon llevaba mirra, aloe, muselina, púrpura, piezas de lino y ‘los libros escritos y sellados por las manos de Dios’, que no es poca cosa. Gaspar era el de los perfumes, regalo muy propio de estas fechas, y llevaba esencias de nardo, mirra, canela, cinamomo y otros muchos aromas. Y Balthasar, el más materialista de los tres, aportaba oro, plata, zafiros, piedras preciosas y perlas.

Adoración de los Magos, el Bosco.

Hubo que esperar hasta el siglo IX para que Agnello de Rávena acuñara definitivamente en tres el número de Reyes Magos y fijara sus nombres en los de Melchior, Caspar y Balthasar. Aunque en el siglo XVI hubo más cambios. Algunos tratadistas tomaban a los Reyes Magos como representantes de las estirpes fundadas por los tres hijos de Noé, así como de los continentes que cada uno pobló tras el Diluvio: Sem pobló Asia; Cam, África, y Japhet, Europa. Pues bien, cuando se descubrió América se echó en falta un cuarto Rey Mago que representara el nuevo continente. Y así, como cuarteto, los plasmó el pintor Grao Vasco en un cuadro del Monasterio de Vizeu (Portugal). El cuarto es un indio amazónico que lleva como presente una arqueta con semillas de cacao.


Relicario de los Reyes Magos, catedral de Colonia.



En cualquier caso, restos corpóreos los hay de tres Reyes Magos, cuyas reliquias se conservan, desde el siglo XII, en la catedral de Colonia en una bellísima arqueta.






Fueran dos o una docena, de lo que el evangelista Mateo no tenía duda es que eran magos: “… he aquí que unos magos vinieron de oriente a Jerusalén”, dice su texto. Aunque, en aquellos tiempos, ser mago no era garantía de prestigio. Lo reconoce el ya citado fraile Santiago de la Vorágine: “La palabra ‘mago’ significa tres cosas diferentes: ilusionista, hechicero maléfico y sabio”. Claro que, al proceder de Oriente, bien podían ser sabios astrólogos y magos que dominaban el fuego, como tenían fama los persas. De hecho, supieron interpretar en una estrella el mensaje del nacimiento de Jesús. Y en el “Evangelio árabe de la infancia” se dice que, tras adorar al Niño, la Virgen les entregó como obsequio un pañal de la divina criatura. De regreso a su tierra, siendo como eran adoradores del fuego, encendieron una fogata sagrada y arrojaron el pañal a las llamas. Sin embargo, la prenda infantil no ardió ni se dañó, por lo que la veneraron como objeto santo.


El caso es que a Melchor, Gaspar y Baltasar siempre se les atribuyó grandes poderes como magos. Por su experiencia en viajes, se les consideró protectores de los viajeros, y a ellos se encomendaba uno antes de ponerse en camino. Como llevaban mirra, una resina utilizada en los procesos de momificación y que, por eso, simbolizaba la inmortalidad, se les tenía incluso por patronos del ‘último viaje’ y se les rezaba pidiendo una buena muerte.


Su poder abarcaba otros muchos ámbitos. Se confeccionaban filacterias, textos con sus nombres escritos, que se llevaban como talismanes para librarse de las jaquecas, las fiebres, la epilepsia y los hechizos. En el caso de la epilepsia su eficacia era tal que bastaba con murmurar al oído del enfermo una jaculatoria con el nombre de los tres Reyes Magos y de sus regalos para que sanara de inmediato. Se les atribuía un poder profiláctico tan grande que en Alemania, llegado el día de la Epifanía, era costumbre escribir con yeso las iniciales de sus nombres, ‘C+M+B’, en la puerta de las casas para que sus moradores quedaran protegidos contra demonios y sortilegios durante todo el año. Una hazaña de poder y magia.


La Estrella de Belén, de Burnet-Jones.

El papa Benedicto XVI también se ha referido a los Reyes Magos en su libro “La infancia de Jesús”, remitiéndose a los pasajes del Antiguo Testamento que siempre sirvieron de apoyo a la figura de estos monarcas viajeros. Recuerda el Pontífice que, según se dice en ‘Salmos’, “los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo”, y aclara que Tarsis-Tartesos se ubicaba en España. Efectivamente, eran las tierras del occidente andaluz, las de Sevilla, Cádiz y Huelva.


Tierras donde la luz es fuego resplandeciente y el océano mece la cuna de todos los sueños. Si los Reyes Magos procedían de estos lugares, encarnaban las fuerzas del agua y del viento, de la tierra y del fuego. Y, aunque no figure en ningún texto, entre sus presentes no faltarían la tortilla de camarones, el bienmesabe y las ortigas de mar. Ni la roja carne del atún, condimentada con la salsa garum, para que el Niño Dios probara los divinos manjares de la ventresca, el tarantelo y la parpatana.


Porque el Mago mezcla en su mesa los dones de los cuatro elementos con la sabiduría ancestral de un taumatúrgico chef.


Una magia para chuparse los dedos.


Ruinas romanas de Baelo Claudia - 2



Javier Navarrete

7 comentarios :

  1. Una noche mágica en la que viven los cuatro elementos! Pienso escribir mi carta , lanzar por el aire palabras a las bombillas de la noche para que naveguen por el océano de estrellas hacia los magos y me regalen deseos en la tierra. Grande Javier, Un abrazo

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    1. Javier Navarrete7/1/13 19:36

      Que así sea y se cumplan todos tus deseos.
      Gracias y otro abrazo fuerte para ti, Lucía.

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  2. Me encanta la idea de 12 Reyes Magos. Estoy segura que cada uno pertenecería a uno de los signos del Zodiaco completando así el viaje del Niño Cósmico, del héroe solar, que al fin y al cabo, es el niño Jesús
    Feliz año blogueros !!!
    Amor y abundancia para todos en el Año que empezó en Martes y acabó en 13

    [img]https://lh5.googleusercontent.com/-pKN1xurfdWM/T_q7fzmHbCI/AAAAAAAAAFs/61vqi761yJk/s400/ladi%2520agatha.jpg[/img]

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    1. Javier Navarrete7/1/13 19:54

      Sugerente idea, Milady. Ese Niño Cósmico del que hablas me recuerda las imágemes de la película '2001 Una odisea del espacio'. Al final de la cinta, una especie de huevo cósmico, con un feto humano en su interior, flotaba por el espacio sideral, entre soles y astros enigmáticos. Sonaba 'Así hablaba Zaratustra'. Parecía anunciar un fructífero renacimiento después de haberse cumplido la totalidad de un ciclo.
      Feliz Año para tí también, Milady.

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  3. Nostalgia del Ayer!!!!
    Ya hace un siglo que un año no acaba en 13. En aquella ocasión el año comenzó en Miércoles.
    Ese año conocí a un joven guapíiiiiiiiiisimo.... Murió
    Su Alma perdida vagaba por el Mundo y yo ... me enamoré....
    Entonces ... apareció su mamaaaaa, Vió la luz y ... se fue.
    Ese año nació mi hija ......... se llamó Miércoles......

    El Placer.... ¡Tan efímero!

    [img]https://lh6.googleusercontent.com/-EYjtYF3WPAg/UJv9asy4LZI/AAAAAAAAAB0/0nBdwFup078/s250/morticia.pn[/img]

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    1. El placer, sí, es efímero... ¡pero hay tantos placeres que es una gozada!

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  4. ¡Me ha encantado ver las ruinas de la ciudad romana de Baelo Claudia en la playa de Bolonia, en Cádiz!Un sitio mágico de verdad, donde aún puedes tomarte un delicioso atún de almadraba en un chiringuito, regado con algún vio blanco de la tierra, con los piés metidos en la misma arena que pisaron los romanos en el siglo II a.C. Y antes que ellos, los tartesios, y los túrdulos. Esos pueblos ya degustaban las delicias del atún, y del buen aceite de oliva, disfrutando de esta misma vista de mar y dunas tostadas por el sol.
    ¡Qué maravilla!

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