14 dic. 2012

Esos Locos Goliardos

Siempre me gustó El Loco. Tiene sus puntos negativos, por supuesto, difíciles de llevar en los demás y también en uno mismo, que hay veces que uno no se aguanta. Ciertamente, es desordenado y extravagante, falso y malqueda, simple y tramposo a la vez, exhibicionista y vicioso al que las pasiones se le desenfrenan. El planeta que le corresponde es Plutón y, en su caso, un ‘Plutón desorejado’. El número de este arcano es el cero, y señala muy bien la nulidad que le caracteriza. Pero, aún así, en esa caótica bolsa de despropósitos que el Loco carga a su espalda se acomodan también otras características que me resultan atractivas aunque sean poco fructíferas. Hablo de ese saltarse las normas, ir a la contra, salirse de la horma, romper convenciones, desquiciar el orden establecido y poner de los nervios a la autoridad competente.

El Loco en el Tarot de Carlos VI. Ferrara, hacia 1470.

Sí, ya sé que así no se llega a ninguna parte. Esa es la cruz que arrastra El Loco: que, en su extravío, ni siquiera sus buenas cualidades rinden fruto. Y, sin embargo, es mi héroe cuando sale respondón ante el poderoso, aunque no sirva para nada y casi siempre acabe recibiendo algún sopapo. El hombre es tan inútil que no alcanza a tener conciencia de su presunta heroicidad. Porque El Loco ni siquiera sabe que sabe lo que sabe. ¡Uf, qué lío!


Ahora que vamos hacia diciembre, me recuerda la ‘Fiesta del Obispo de los Locos’ que se celebraba en la Edad Media. El día de san Nicolás (Santa Claus), los niños y mozos de los coros de las catedrales elegían un ‘obispillo’, un chaval más bien ‘pillo’ que ejercía burlonamente de obispo, dirigiendo rituales dentro de la propia catedral en los que se mofaban de la liturgia y de todo lo divino y lo humano. El ‘Obispo de los Locos’ encabezaba también estrafalarias procesiones. Desarrapado, tocado con la mitra y cabalgando un asno montando de forma que encaraba los cuartos traseros, iba repartiendo bendiciones e hisopazos a diestro y siniestro. He de aclarar que estas fiestas estaban permitidas por la Iglesia, y que en ellas participaban, de mejor o peor talante, los propios cargos eclesiásticos. Al final, claro, se terminaron prohibiendo, pero hubo que esperar al Concilio Ecuménico de Trento, en 1566, para que se erradicara la fiesta del mundo católico. Orden trastocado, abolición del respeto debido al poder y a lo más sagrado, locura y extravío. Eso era lo que ejercía el alocado ‘Obispillo’ durante su tiempo de ‘poder’. Servía para orear el ambiente y liberar frustraciones. Es lo que también se hacía, y se sigue haciendo, con el Carnaval, aunque a este no le dejan invadir las catedrales con su desfachatez.

Goliardos

 Hay otra figura de la sociedad medieval europea que también tengo asociada a este Loco arcano: la de los ‘goliardos’. Se llamaba goliardo al monje que, harto de la disciplina conventual, escapaba echándose a los caminos, pugnando entre la fe y el ansia de libertad. Normalmente perdía el norte entre esas dudas y terminaba llevando una vida libertina de vagabundeo y alegre ebriedad. El nombre de goliardo también acogía a los estudiantes pobres que callejeaban con ropas raídas por las ciudades universitarias, siguiendo más las enseñanzas de Baco que las emanadas de la cátedra.



Goliardos
Este alegre y caótico grupo de vida desordenada y afición a la bebida, las mujeres y el juego, se adueñó de las tabernas. Como eran cultos, estaban bien formados y sabían latín (en todos los sentidos), en sus jaranas abundaba la música, el baile y el verso impertinente y faltón que dio lugar a las primeras canciones de taberna que se conservan. De hecho, se ganaban unos cuartos ofreciéndose como compositores de glosas y panegíricos a los ricos que buscaban oropeles. Algunos organizaron la Orden de los Vagabundos y se decían fieles a su patrono san Golías, tras cuya figura se ocultaba el gigantón Goliat al que David derribó de una pedrada. De ahí les viene el nombre de ‘goliardos’. También su mala fama, que en bajo latín ‘gens Goliae’, gente de Goliat, significa, ni más ni menos, ‘gente del diablo’. Todo porque, en la antigüedad, a ese buen mozo de Goliat se le tenía por un diablo desmesurado.

Goliardo


Irreverentes, viciosos, desordenados y sin rumbo, los goliardos aún tuvieron luces, algunos, para ejercer una crítica coherente a la Iglesia y al poder político, aunque en la mayoría de sus obras la letra se cantaba marcando el ritmo con un vaso de peltre lleno de vino en una mano y la otra perdida bajo el refajo de alguna buena moza.





Por suerte, ha llegado hasta nuestros días una recopilación de estos cantos de monjes goliardos, conservada en el convento benedictino de Beuren, al pie de los Alpes, y datada hacia el año 1230. Con ese material, el compositor alemán Carl Orff creó en 1937 su hoy famosa obra ‘Carmina Burana’, título latinizado que significa ‘Canciones de Bura’ (Canciones de Beuren).

Tuck

Entre estos textos se encuentra un antiguo brindis tabernario que bien podría entonar el borrachín fraile Tuck, amigo de Robín Hood y buen ejemplo de goliardo descarriado. En esta canción cada copa se levanta en honor de algo o alguien distinto, y son trece las que se alzan, que abundan los motivos para brindar, empezando por el precio del vino. Le siguen los cautivos, los vivos, los cristianos todos, los fieles difuntos… Y va ‘la sexta por las monjas casquivanas’, que no falten. Y la séptima por la soldadesca asilvestrada.


Los goliardos sabían contar, de manera que sigue el brindis por aquellos a quienes sienten como iguales: los hermanos perversos, los monjes dispersos, los navegantes, los disconformes, los penitentes, y todos los que andan por los caminos, vagabundos a los que dedican la decimotercera copa. A partir de ahí se pierde la cuenta en el desvarío de la bendita ebriedad, y
‘tanto por el Papa como por el Rey
beben todos ya sin ley’.



Goliardo tuno
En España, con las primeras universidades, surge una variante de goliardos que reciben el nombre de ‘sopistas’. Eran estudiantes pobres que rondaban por bares y tabernas para conseguir un vaso de vino y algo con lo que llenar la panza. Para lograrlo echaban mano de su verbo fácil, sus canciones y su descarada simpatía. Si tenían suerte y los clientes se divertían, el dueño del local les servía al final un plato de sopa hecha a base de agua y restos de comida. Ese escuálido manjar era llamado ‘sopa boba’, y de ahí les venía el nombre de sopistas.


De esos golfos hechos de pobreza y vino barato, de facundia y canciones burlonas, de pillería y retazos de latines mal aprendidos, deriva la Tuna actual, grupos musicales de estudiantes universitarios que hacen la rondalla pasando la pandereta para recibir algunas monedas.
‘Y si la Tuna te da serenata
no te enamores, compostelana’


Que son encantadores, pero también mujeriegos y un tanto olvidadizos.
Y, por supuesto, un poco locos.



Javier Navarrete

5 comentarios :

  1. Jorge - Gato Hadas17/12/12 2:35

    Estimada Sra. Navarrete:

    Es para mi un honor poderme dirigir a usted para exponerle una cuestión que lleva tiempo rondandome. Le escribo en esta primera entrada que aparece en su página que casualmente habla del Loco en el tarot, de ese visionario buscador :) y es que el motivo de mi vontacto con usted es precisamente una búsqueda.

    Desde hace tiempo llevo barajando la posibilidad de contactar con usted para pedir su consejo. Desde pequeño he tenido habilidades sensitivas, de videncia, telepatía y demás, cuando era pequeño veía "cumulos de luz" a falta de una mejor descripción que mi abuela definia como ángeles, siempre he sabido y he visto cosas que los demás no podían saber ni ver y en muchas ocasiones he soñado con acontecimientos y hechos de mi vida cotidiana que aún no habían ocurrido (nunca he precognizado grandes catastrofes mundiales ni he tenido jamas esa intencion). Desde los 10 años he estudiado el tarot cada vez que me iba apeteciendo, como un hobbie, ultimamente he decidido abrir un blog, sobre tarot especialmente dedicado a aprendices, mostrando cosas que no suelen aparecer en los libros y qque yo he ido aprendiendo de mi humilde experiencia.

    El motivo de contactar con usted es que desde hace algunos años en algunas ocasiones he contactado con seres que han partido al otro mundo y me han dado información que me ha servido como prueba de su realidad. Han sido familiares y amigos de personas muy allegadas a mí, a veces este contacto ha sido buscado por mi y a veces ha sido espontáneo.

    Soy estudiante de 5° de psicología y cuando empecé a tener estas experiencias mas intensas digamos (con datos que yo y las personas implicadas podían reconocer como ciertos) la vi en uno de los programas de Cuarto Milenio y al ver su forma de percibir a los espiritus reconoci las caracteristicas de mi propia experiencia, además. he visto en los programas en los que ha salido en alguma casa encantada y tal, que usaba la bola de cristal para recibir mensajes de espiritus (cosa que me.sorprendio gratamente ya que yo tambien he recibido mensajes de fallecidos a traves de este metodo mientras intentaba simplemente meditar con la bola. Fue entonces cuando empece a pensar en la posibilidad de enviarle algun tipp de mail para recibir algunos consejos para llegar a tener un mayor dominio a la hora de contactar con espiritus de personas fallecidas. Es dificil encontrar un maestro en este área, al.menos en mi pueblo :) y no le estoy pidiendo que sea mi maestra ni nada de eso, ya que se que usted es una persona muy ocupada :) pero la.informacion en internet es muy muy escasa en estos temas (y la.poca que hay no me convence porque se ha puesto muy de moda ser medium de entidades extraterrestres y/o celestiales, y esots mensajes para mi carecen de interes y, sera porque yo no los he experimentado que tampoco creo en ellos) Sin andarme mas por las ramas me gustaría que pudiesemos mantener algun tipo de contacto , al.menos esporadico mediante el cual usted pudiese aconsejarme y dirigirme un poco por este sendero de la mediumnidad, espero que no piense usted que estoy abusando de su buena fe, pero desconozco la forma en que puedo desarrollar esta habilidad de uma forma mas controlada. Merece usted todos mis respetos por su seriedad y su rigor a la hora de tratar estos temas y espero que pueda ayudarme de alguna forma. Le comento tambien que las.formas en que he recibido mensajes de espiritus fallecidos de una forma mas clara ha sido mediante la vision, la audicion y las percepciones sensoriales de mi propio cuerpo, estado de ánimo, etc.

    Le dejo la dirección de mi blog por si le interesa, en el mensaje de bienvenida se encuentra mi mail para contactar conmigo si no es mucho pedir :)

    mi mail: ganeshakali@gmail.com
    mi blog: traslasnieblasdeltarot.blogspot.com

    Muchisimas Gracias :)

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  2. Navarrete: buenísimo tu escrito sobre los goliardos. Me encanta saber que, en la Edad Media, los locos no eran tan pocos y que sus “reencarnaciones” me hicieron Madrina de la Tuna en beneficio de mi espíritu lúdico y en detrimento de mis horas de sueño.
    ¿Qué tal si fundamos una cofradía de goliardos musicales y empezamos a componer canciones un poco báquicas, algo lunáticas, bastante lúdicas y nunca trágicas y montamos un concurso?

    [img]https://lh3.googleusercontent.com/-TrUjPfmgGpg/T_q8G0eBrLI/AAAAAAAAAGo/fRdQMsC_xUk/s512/ladiagatha5.jpg[/img]

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    Respuestas
    1. Javier Navarrete18/12/12 21:31

      Gracias, milady. Me apunto al concurso. De momento, recuerdo aquel viejo brindis, muy a tono con los goliardos: 'Brindemos por ellas, por las más bellas, por las de cuello largo... por las botellas'. Con música, seguro que quedaría mejor.

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  3. Que bien sienta un loco de vez en cuando! Yo tuve uno en mi casa, en la figura de mi tío Amaro que murió hace ahora más de diez años. No le entendía antes, pero ahora, como le entiendo y que difícil es a veces meterse en la piel del loco divertido que nos hace ver que esta vida, por seria que la queramos ver, es absolutamente absurda!!! Y mas vale reírse. Si. reíse muchísimo...

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    Respuestas
    1. Javier Navarrete21/12/12 18:28

      Es un placer encontrarte en el blog, Jacinta. Sí, hay personajes locos en la vida que resultan imprescindibles. El asunto es saber valorarlos debajo de sus extravagancias y desbarajustes. Y sobre todo, tienes razón, aprender a reirse con ellos, dejarse contagiar por su risa y reirse muchísimo.

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